Desde que tengo memoria he vivido la vida con intensidad, cuestionándome todo lo que me rodea y cargando con un espíritu de rebeldía que me acompaña desde el primer día. Dicen que hablo hasta por los codos, pero cuando las palabras encuentran su propio camino hacia mí —sin que yo tenga que perseguirlas— se convierten en mi refugio.
Empecé a escribir a los nueve años, cuando aquel diario secreto de Navidad se volvió mi cómplice, aunque ya desde los cuatro intentaba entregar pedazos de mi amor en cartas y pequeños versos. Para mí, la palabra es uno de los conceptos más poderosos que existen: tiene la capacidad de edificar, enamorar, dar paz, de sacudirnos por completo.
Hoy escribo desde la belleza del mundo que habito, inspirada por la magia de la vida misma, por el silencio de estar plenamente presente y, de manera muy especial, por ese muso que ha vuelto a encender mi pulso poético.
Si algo deseo que te lleves al cerrar estas páginas, es un pedacito de mi manera de ver el mundo: una invitación a vivir el amor y el presente con valentía y absoluta presencia.
suya sinceramente:
Ariely.