La autenticidad está en el camino donde hay menos resistencia.
No se debe confundir con tomar el camino fácil.
La falta de resistencia debe ser interna. Tomar el camino fácil suele ser una capitulación: elegir la comodidad inmediata o la aprobación ajena para evitar el roce con el mundo. En cambio, la falta de resistencia interna a menudo exige atravesar senderos empinados, pero estos se recorren con una serenidad lúcida. No hay fricción interior porque la mente y los principios tiran hacia el mismo lado. Cuando el miedo suelta la cuerda, la energía que antes se gastaba en negociar con uno mismo —en justificar, reprimir o actuar para la galería— queda libre para responder a la realidad tal como es. La acción deja de ser reactiva y se vuelve genuina.