El lirio nunca se ha escuchado tan dulce como en tu boca. Su ausencia vuelve el vacío un cuerpo denso, un abismo que nos sitúa en los polos opuestos del mundo.
Cuando lo pronuncias con alegría, despiertas mi pulso; pero si en tu voz asoma la resignación, deseo cuidar ese espacio. Sin importar el tono, escucharlo de tus labios es mi único anhelo.
¿Es posible vivir la eternidad de esta forma: flotando, en la resonancia de tu voz?