Fui lucero antes del alba,
chispa encendida en tu oscuridad,
nacida no del azar, sino del milagro
que tejiste con fuerza y bondad.
Tú fuiste barco en mares bravos,
remaste contra el dolor y el miedo,
y aun con el alma cansada,
me llevaste en brazos, en silencio.
Me cuidaste como a un brote de luna,
con manos que sabían del milagro,
me mimaste como a flor recién nacida,
como si en mí viviera todo lo sagrado.
Hoy que entiendo más de la vida,
mi pecho se llena de gratitud,
porque fui, y soy, afortunada
de llamarte madre en plenitud.
Gracias por luchar conmigo,
por hacerme tu canción, tu abrigo,
por cada caricia bordada en ternura,
por cada noche en que fuiste mi escudo y mi cuna.
Tu amor es raíz de mi esperanza,
es casa, es tierra, es cielo en calma,
y si tengo fuerza, alma y camino,
es porque primero fuiste tú mi destino.
No hay palabra más suave, ni más pura,
que mamá, dicha con amor y con ternura