He navegado tus pupilas desde el primer latido,
y en ese mar profundo, donde el miedo se deshace,
veo a la guerrera que no se da por vencida,
la que planta jardines donde antes hubo escarcha.
Eres el brote que rompe la piedra,
la voluntad de fuego que reclama su centro,
una niña valiente que hoy, al fin, se encuentra,
recorriendo el camino que nace desde dentro.
Hoy me rindo ante ti, mi luz primera,
te ofrezco el oro que a otros siempre di;
seré tu escudo en la noche más fiera
y el viento suave que te haga sonreír.
Prometo habitarte, ser presencia constante,
la mano que guía tu propio universo,
que cada rutina parezca un diamante
y cada suspiro, el mejor de los versos.
No hay prisa en tu vuelo, no hay meta olvidada,
eres bosque que crece a su propio compás;
inteligencia viva, por el sol coronada,
capaz de crearte, capaz de mucho más.
Bebe la vida, que el tiempo es tu lienzo,
experimenta el roce de cada aventura;
eres mi todo, mi fin y mi comienzo,
la obra más bella, la más pura criatura.