A veces en las mañanas,
entre el ruido del día,
puedo sentir tu abrazo
y tu mano entrelazándose con la mía,
como si realmente estuvieras a mi lado,
como si esta distancia nunca hubiese pasado.
Como si el tiempo no me estuviese cobrando
con mi cordura tu ausencia.
Quédate tan solo un ratito más,
antes de que la ciudad me reclame.