Me perdí en un millón de posibilidades,
en el vértigo amargo de la duda,
preguntando a la sombra si es verdad
esta frágil realidad que me derrumba.
Anhelé inyectar en mi propia sangre
la verdad que el universo sostiene,
sabiendo que soy parte del todo
y que el todo, en mi pecho, te contiene.
Entre miles de sendas que se abren,
mi naturaleza me rinde a tu paso;
avanzo entre el miedo y la certeza,
rendida a tu abrazo.
En plena deriva, a ciegas y a tientas,
tu vibración me encuentra y me asusta...
porque la certeza de tu dirección
me exige una valentía que desnuda.
¿Y si me quedo inmóvil en la orilla,
observando el trazo de tu andar,
con el deseo quemándome las manos
y el temor de volverte a tocar?
Es más fácil ceder al abismo,
y hundirme en el silencio,
que reunir la fuerza necesaria
para seguir en pie en este sendero.
¿Habrá dicha esperándome al final
o solo fragmentos de mi propia caída?
No lo sé, pero aun en la tormenta,
no hay más ruta que la de tu mano.